jueves, 26 de marzo de 2026

Haciendo el amor al aire libre. En la playa, en el monte, en un búnker...


    
Memoria de un despertar: De la búsqueda al encuentro

A finales de los años 90 y los albores del nuevo milenio, viví la época más intensa, gratificante y plena que jamás haya experimentado con nadie. Fue necesaria la irrupción de Iñaki en mi vida para darme cuenta de que todo lo vivido anteriormente —esos romances fugaces, ligues de una noche e incluso relaciones de cierta duración— no era, ni de lejos, comparable a lo que construí con él. De pronto, mi pasado se reveló como un mero jugueteo sexual que, paradójicamente, solía dejarme más insatisfecho y vacío que al principio. 

Reconozco que mi bagaje es amplio. Mi despertar fue temprano; ya entre los doce y trece años tuve mi primera experiencia con un aspirante en aquel denostado convento de frailes en Bugedo que ya mencioné en otra entrada. Tuvieron que pasar unos cuantos años más hasta que el mundo se abrió ante mí. Recorrí países como Egipto (que para mí fue lo más impactante), Turquía y gran parte de Europa: Grecia, Italia, Bulgaria, Francia, una Alemania todavía dividida por el muro, Holanda, Bélgica y la entonces Checoslovaquia. De Francia y Alemania no tengo buenos recuerdos. Gente sosa, triste, fría y poco acogedora. Supongo que eran otros tiempos.

Sin embargo, llegó un punto de saturación. Descubrí que no necesitaba cruzar fronteras para encontrar lo que buscaba; en España existían rincones donde la diversión superaba cualquier expectativa extranjera. Así, mis vacaciones mutaron: dejaron de ser puramente culturales para transformarse en un itinerario de libertad sexual.

Mallorca, Ibiza, Sitges, Barcelona y, por supuesto, Torremolinos (mi lugar predilecto) se convirtieron en mi escenario. Madrid, con su red de saunas, bares, discotecas y parques, ofrecía un catálogo infinito de encuentros. Pero eran finales de los años 80 y principios de los 90, una década de locura teñida por la sombra del SIDA; ese miedo latente actuaba como un freno invisible que, en muchas ocasiones, convertía el deseo en un "querer y no poder". No quiero olvidarme de Portugal porque era fantástico en todos los sentidos: barato, se comía de lujo, muy divertido, tenían la playa de Caparica y su trenecito al lado de Lisboa donde había "tema que te quemas" y ante todo la gente maja.

Aquel ritmo era frenético pero estéril. Conocí a bastante gente, pero casi todo acababa en agua de borrajas. Nadie "aguantaba un asalto"; quizás porque el espíritu de la época no invitaba a construir pareja, sino a exprimir el placer inmediato. En aquel tiempo se me cruzaron los cables y me vino la necesidad de reencontrarme con el que fuera  "mi primer amor" del colegio de frailes y lo conseguí. Albergaba la esperanza de que fuera una relación duradera pero le trasladaron a Mallorca y con el tiempo desapareció de mi vida. Tan rápido como fue el reencuentro y tan rápido como fue la despedida. Fue un duro golpe.

Como Bilbao nos pillaba cerca y su ambiente era efervescente, los fines de semana tenían un guion casi fijo: saunas, bares y terminar la noche en la discoteca Distrito 9. A veces, la suerte nos sonreía y lográbamos pasar la noche con algún ligue en aquellas pensiones del Casco Viejo que hacían la vista gorda con las visitas. Hablo en plural porque en este viaje no estaba siempre solo; compartí estas andanzas con algún amigo de mi pueblo (que buscaban lo mismo que yo: un respiro de libertad en medio de la rutina) y que curiosamente nos conocimos en aquellos ambientes donde la gente de provincias limítrofes "coincidíamos".

Todo aquello fue el preludio, el ruido necesario antes del silencio, la paz, el amor y el sexo pasional que solo Iñaki supo darme. Le conocí por primera vez precisamente en una sauna de Bilbao tal como ya describí en esta entrada.  Fue amor a primera vista.
  
Admito que los siguientes vídeos de andanzas al aire libre, demasiado atrevidos, pretendidamente obscenos sin ser explícitos debido a la normativa legal de las IAs, y las reglas rigurosas de YouTube, me resultan estimulantes, pero sin perder la perspectiva de mi situación sentimental actual. Les he querido dar un punto "erótico-festivo" y alguna pizquita de humor pero sospecho que no lo he conseguido. Mi sentido del humor era verde y se lo debió comer un burro. 

   Mucho me temo que YouTube, tarde o temprano me bloquee, en el mejor de los casos, este tipo de vídeos ya que las normativas relativas a la generación de vídeos en base a fotos de personas reales, cada vez será más restrictiva, y mucho más en temática LGTBI. Viendo las orejas al lobo y con anticipación, he considerado oportuno reseñar en sus descripciones lo siguiente, válido también para Blogger:
  
   "La IA generativa se regirá por el reglamento europeo (AI Act) para la transparencia y etiquetado (agosto de 2026). Se prohibirán los "deepfakes" maliciosos entre otras restricciones. Manifiesto que los personajes que aparecen en los vídeos se basan en fotos y situaciones reales, tanto de mi fallecida pareja (en mi calidad de heredero universal y poseedor de los derechos de su imagen) como de mí mismo, así como los hechos escenificados con IA con mayor o menor acierto".

1) ESCENARIOS AMOR-OSOS Y PASIÓN TURCA:


2) RESTAURANDO RECUERDOS AMOROSOS:

jueves, 26 de febrero de 2026

En los comienzos de la relación: Prácticas morbosas con arneses de cuero. Iñaki y su efímero paso como levantador de piedra (Harrijasotzaile).


 Rememorar el pasado está resultando una tarea agotadora. No es solo la lucha técnica con la IA o la compleja edición de los vídeos; es el propio ejercicio de rescatar detalles del ayer lo que consume mi energía. Aunque reconozco su valor terapéutico, el cansancio empieza a hacerse notar.

 Tengo varios proyectos de vídeo casi terminados y diversos borradores que iré puliendo y publicando a su debido tiempo. A veces me asalta el temor de que Pedro (Kepa), mi pareja actual, acabe saturado de mis historias pasadas. Me pongo en su lugar y dudo que sea siempre un plato de buen gusto, a pesar de que él insista con cariño en que no hay inconveniente. No quiero que se convierta en mi "paño de lágrimas" eterno; siento que ya ha tenido que aguantar demasiado.


Restaurando Recuerdos de una Pasión:

   Transcurridos varios fines de semana juntos, una noche al acostarnos, apareció con un arnés de cuero comprado en un sexshop de Bilbao. Me resultó muy excitante. Era caro y, sinceramente, nos hizo preguntarnos: ¿Por qué no fabricarlos nosotros mismos?

Poco después, le llevé a una fábrica de confección en cuero en Belorado, un lugar de gran tradición. Allí conseguimos trozos de retales de pieles finas y suaves de diversos colores. Con mi vieja remachadora de botones para vaqueros, una cosedora manual de cuero y algunos cinturones rescatados del armario, nos pusimos manos a la obra.

El resultado fue sorprendente: confeccionamos piezas totalmente personalizadas, de una calidad que en nada envidiaba a las comerciales. No a todo el mundo le sientan bien esas prendas, pero en Iñaki eran una auténtica locura. Debo admitir que resultaban extremadamente estimulantes; cada vez que le ayudaba a probárselos o a ajustarlos, tenía que hacer un gran esfuerzo para no sucumbir al deseo al primer contacto. 

 

 

Entre Piedras y Cuero:

Iñaki tenía una presencia física imponente. Un amigo de su barrio llegó a animarle para que practicara el levantamiento de piedra (Harrijasotzaile), asegurando que poseía unas cualidades inmejorables para ello. Sin embargo, debido a diversas circunstancias personales, terminó tirando la toalla antes de lo esperado.

He querido rescatar esa esencia en el vídeo que presento: Una mezcla entre la exhibición de levantamiento de piedra bola pura y dura con otra forzada, con aquellos arneses que fabricamos juntos. Es cierto que la IA ha moderado ciertos elementos —algo perfectamente comprensible—, pero el resultado es muy fiel a mis recuerdos. El vídeo está basado en fotogramas clave de la única grabación que conservo de él; aunque la calidad original era deficiente, la tecnología me ha permitido restaurar su imagen manteniendo la autenticidad de lo que vivimos.


    En algún lugar de la Costa Vasca, con algún kilo de más, exhibiendo su palmito en plan poses. Una mezcla de su amor por el mar, con movimientos que nos recuerdan su pequeña etapa como harrijasotzaile,  así como una pequeña exhibición de "arneses de cuero" muy sugerentes, parecidos a los auténticos y con las limitaciones que ha impuesto la IA. 

viernes, 13 de febrero de 2026

Cuándo y cómo conocí por primera vez a Iñaki.

 

    Un terrícola extraterrestre: Memorias de una farsa.

   Antes de pasar al vídeo hecho con IA de la primera vez que conocí a Iñaki, considero importante poner en contexto y recuperar una pequeña parte de lo que escribí en unos folios a modo de memorias y que regalé a Iñaki después de los primeros años de relación.

Al poco de conocer a Iñaki, me dio por escribir una especie de libro de memorias. Lo mecanografié a máquina de escribir en mis cortos ratos libres en la oficina y lo terminé tres años después, en 1999, para regalárselo. Lo titulé "Un terrícola extraterrestre". En él contaba mi vida desde que tuve uso de razón; es decir, desde que era un niño hasta que conocí a Iñaki. Al echarle una ojeada recientemente, me he dado cuenta de que no recordaba muchas de las cosas que describía.

 No he querido seguir leyendo porque he llegado a la conclusión de que nunca fui feliz. El libro estaba lleno de neuras, complejos, insatisfacciones, decepciones, frustraciones y mil aventuras —muchas de ellas desagradables— que no me apetece mencionar. Tuvo que aparecer Iñaki en mi vida para darme cuenta de que había vivido en una auténtica farsa, siendo un fraude sobre todo para mí mismo. No culpo a nadie, solo a mí por gilipollas; igual hasta me lo merecía. Pero, para ser justo, también tuve épocas de felicidad que no supe valorar por el lastre que cargaba a mis espaldas.

Hubo una época que me marcó sobremanera y no quiero dejarla de lado: mi paso por el Colegio de los Hermanos de las Escuelas Cristianas de La Salle, en el convento de Santa María de Bugedo de Candepajares. Era lo más parecido a una secta. Mucho temor de Dios, rezos, sacrificios tontos, misas, horas de retiro espiritual, celibato y rosarios, farsas, teatro, paripé... Muchas humillaciones, amenazas de expulsión, mucho malnacido, golpes, hipocresía y falsedad.
 
Allí dentro no se percibía a Dios por ningún sitio. Si acaso, se sentía los sábados cuando tocaba paseo o fútbol; yo siempre elegía el paseo y allí aprendí a amar la naturaleza. Tal vez sea de las pocas cosas positivas que saqué en limpio, y sobre todo y ante todo, por la amistad con un compañero con el que hacía pesas (usando latas rellenas de cemento). Nos metíamos mano "hasta en el carné de identidad" con la tontería de "mira qué músculos" hasta que la cosa llegó a más. En un convento tan grande era muy fácil esconderse. Fue mi primer amor, aunque yo no lo sabía porque no era consciente de ello. Con el paso de los años es cuando me di cuenta.  

Ni siquiera a mis mejores amigos llegué a contarles jamás lo que ahora describo.

Tratar temas como el sexo —y sobre todo la homosexualidad— era tabú. La palabra "invertido" me resultaba terrorífica. En las escasas charlas que escuché sobre el tema, recuerdo que mi amigo y yo nos mirábamos y nos poníamos rojos como tomates. Muchas de las expulsiones eran precisamente por esa causa. No sé cómo me libré; tal vez porque aprendí a ser hipócrita. Tuve buenos maestros. O tal vez por otras razones...

   Mi "amigo" y yo siempre nos colocábamos cerca uno del otro en los pupitres. De vez en cuando solía llevar unos pantalones cortos de cuero marrón desgastados que me daban mucho morbo y, cuando había ocasión, le metía mano disimuladamente por donde podía, pero era recíproco.
 
Entre clase y clase cuchicheábamos bajito y no prestábamos atención. Un día no nos dimos cuenta de que el Hermano "profesor", que solía salir un rato entre clase y clase, aún seguía en el aula. Se me acercó sigilosamente,  sin percatarme de que lo tenía detrás. Me dio un ostión con la mano abierta que me dejó noqueado. Sentí un dolor inmenso en el oído, en la cabeza y en el carrillo. Todo me daba vueltas. Solo escuchaba un pitido muy agudo que me dejó sordo y sangraba algo por la oreja. 

    El pedazo hijo de puta se asustó y me acompañó a un fraile médico por si me había roto el tímpano. Por fortuna no fue así, pero me hicieron un seguimiento de varios días porque no oía un pimiento, solo un pitido doloroso constante durante casi una semana que no me dejaba dormir. Fue un calvario. La cosa les debió de parecer muy grave, porque transcurridas un par de semanas dejó de dar clases en Bugedo y, por lo que me enteré, le destinaron a otro sitio, creo que a Salamanca. 
 
No entendía su reacción, porque siempre había sido su "enchufao" de clase y era notorio entre los aspirantes. Era muy buen estudiante, la verdad, y estaba entre los cinco primeros de clase de los más de treinta alumnos. Jamás me habían puesto la mano encima, ni siquiera mis padres ante hechos más graves. Cierto que vi algún borrador de madera "volar".
 
   Pero lo peor estaba por llegar. Ignoro si fue casualidad o causalidad. El caso es que a mi amigo del alma le notificaron la expulsión unas semanas después de lo sucedido. Tal vez tuvo algo que ver con que su rendimiento escolar no fuera de los mejores. De hecho, coincidimos en clase porque él estaba repitiendo curso. O tal vez, tampoco le ayudó que días después del incidente se encarara con el Hermano del bofetón para reprocharle su actitud, porque mi amigo era muy echado para adelante y decía las cosas claras a todos.
 
El día en que le notificaron la expulsión a mi amigo era un sábado que tocaba paseo por el monte. Al día siguiente vendrían a recogerle sus padres. A pesar de que ya no tenía "obligación" de acudir al paseo, me acompañó en el último viaje juntos a los Picos de Cellorigo que tanto nos gustaban y me lo contó. Tuvimos que separarnos del grupo principal porque me puse a llorar como un niño (quizás lo era) y no quería seguir. La subida se me hizo muy dura en todos los sentidos. Se apoderó de nosotros el silencio más estrepitoso que uno pueda imaginar.  Cuando estábamos en el buzón de la peña, me cogió del hombro y me dio un abrazo tan fuerte como lo era él y entonces se rompió en lágrimas. Los compañeros que estaban con nosotros subidos a la peña no entendían nada de lo que pasaba. 

    El domingo, cuando vinieron a recogerle sus padres, no quise estar para despedirme  porque sabía lo que me iba a pasar. Me senté en un banco del patio interior del Convento y entre las rejas del portón le vi que miraba por si yo aparecía para despedirle. Pero no pude porque no hubiera podido aguantar la pena. Estaba convencido que todo había sido por mi culpa.

     Pensé que sería el siguiente en ser expulsado pero no fue así. He querido buscar una explicación pero me salen varias hipótesis.  Durante mucho tiempo me sentí tremendamente solo a pesar de estar rodeado de compañeros, por decirlo de una manera fina. Tuve que aguantar risitas o frases como: "te has quedado sin guardaespaldas", "dónde está tu querido", "marica", "invertido"... sobre todo de un aspirante que me tenía una manía enfermiza y no entendí nunca el porqué.
 
Todo ello me lo tuve que comer con patatas.  Lo sabía todo dios.  Hubo noches en que me apretaba la almohada a la cara para que no se me notara llorar amargamente, a moco tendido.  Lo eché mucho de menos y lo pasé muy mal. Era muy tímido. Con él me sentía seguro si se metían conmigo y disfrutábamos mucho el uno del otro a escondidas. Nos amábamos ¡ostras!. Era lo único verdaderamente auténtico. Todo lo demás me pareció basura, una farsa, un puto teatro, un paripé,  pero aguanté. Aún me pregunto cómo pude conseguirlo. 
 
Casi seis años de mi vida transcurrieron en esa especie de "secta", primero en Bugedo y después en Arcas Reales de Valladolid, donde finalmente pasé de todo y de todos y me expulsaron. Las secuelas sicológicas que padecí después, a punto estuvieron de acabar con mi vida. Suena duro decirlo, pero fue real y no me apetece entrar en detalles. 

    Cuando regresé a casa de mis padres quise "ligar" con chicas y probarme a mi mismo que lo sucedido en el convento fue agua pasada y meramente circunstancial. Llegué a salir con una chica maja y fue una experiencia desastrosa. Cuando la situación  se puso "tierna" no sentía deseo alguno y salí del mal trago pensando en los buenos momentos que pasé con (ahora sí) el que fuera mi primer amor en el colegio. Fue un puto desastre y lo dejamos. Mi cabeza me estallaba de impotencia y frustración. Me sentía un "terrícola extraterrestre". 

  Dando un salto en el tiempo de unos doce años transcurridos desde aquella "denostada época bugedana", donde se  sucedieron muchas aventuras locas,  un buen día me puse a investigar el paradero del que fuera mi primer amor. Sabía el nombre, sus dos apellidos y que había nacido en Barakaldo. No fue tan difícil encontrar un número de teléfono a través del cual di con él. En el siguiente video, con algún que otro "flashforward" de esta época que tanto me marcó, lo muestro, ayudado por la IA en base a diversas fotos en blanco y negro convertidas a color.

   Siento mucho la chapa, pero "si no lo cuento, reviento". Necesitaba echar lastre.   Punto y aparte.


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   Siempre advierto que el contenido del vídeo que sigue puede herir sensibilidades. Luego no digáis que no os lo advertí. Domar la IA para que el resultado sea lo más acertado a la realidad es muy difícil. Lleva mucho tiempo concatenar secuencias de seis segundos con el último fotograma ya que la IA, al hacer otra secuencia de seis segundos, pierde la memoria de los rostros de los personajes y por mucho que se intente describir en el prompt las facciones del rostro, resulta casi imposible. Incluso llegué a chatear con con la IA para que tuviera siempre de referencia los rostros reales y de momento parece que no es factible. Tampoco anda muy fina a la hora de matizar si era un poco más bajo, o si el era menos alto. Esto sucede normalmente cuando se generan segundas o terceras secuencias porque se desmadra al perder la primera referencia, que es la buena.  No tiene al parecer término medio. Las proporciones han sido bastante disparatadas y ha sido uno de los problemas que he tenido que pulir, en muchos casos, sin conseguir lo que yo quería. Por estas razones hay que considerar que los vídeos son "meramente orientativos y no demostrativos". Una de las frases típicas que utilizábamos en cierto tipo de documentos cuando ciertos datos anexos podrían variar según factores externos.

   Por otra parte la legislación vigente con respecto a  generación de vídeos demasiado "explícitos" es muy rigurosa y chapa muchas secuencias, pero es mucho más riguroso con temas LGTBI (reconocido por la IA). No obstante hay que saber engañarla y no usar ciertas palabras porque directamente lo censura. Un beso entre dos hombres con el torso desnudo ya es un hándicap cuando escribes simplemente "que se den un abrazo y un beso". Pero, lo realmente anacrónico es que si dejas a la IA que genere el vídeo "por defecto" es decir, él solito sin ningún prompt  va la "tIA" y lo hace. Absurdeces. He llegado a la conclusión que la IA no es tan inteligente como parece, al menos en el caso de los vídeos generados en base a fotos.

   Así que entenderéis lo complicado que resulta hacer un vídeo de seis minutos.

   El vídeo está subido a Youtube "en oculto" "no listado" para evitar problemas y solo es visible desde este blog. No me importa que solo lo vean cuatro gatos porque todo esto lo considero una "autoterapia" y como dije no hace mucho tiempo, una auténtica limpieza de karma y una reconciliación conmigo mismo. 

viernes, 9 de enero de 2026

El muro mental. Cómo la IA me ayudó a sanar mis recuerdos de Iñaki.

 



   Al final de esta entrada podréis ver el VídeoAI de Iñaki y yo a finales de los noventa, con ayuda de imágenes que sacamos con trípode, cuando estuvimos en el valle de Lunada (Montes pasiegos burgaleses), en lugares "secretos" de la costa vasca, o en la única exhibición de deporte rural en el que participó Iñaki, en su barrio bilbaíno  (a base de fotogramas mejorados).
 
Describir el paisaje fuera del encuadre inicial en un giro de 200º, así como los movimientos y acciones de los protagonistas, se vuelve extremadamente complejo en un prompt de IA. Algo he conseguido, creo, teniendo en cuenta que ha sido en una app de IA gratuita (Grok) que solo genera 6 segundos de vídeo y que luego hay que unir los tramos para que encajen y que la IA no se salga de madre. Es, esencialmente, redactar un microguion de seis segundos.
 
La dificultad aumenta considerablemente al intentar hilvanar dos o más secuencias con la única referencia del último fotograma generado de cada una, ya que "olvida" la imagen inicial. Esto refuerza el dicho de que una imagen vale más que mil palabras: con mil palabras solo podemos imaginarla, no construirla. Lo demás ha surgido "de forma natural". Si a ello añadimos la canción de la magnífica Luz Casal, que he llevado a mi terreno, el resultado no ha podido ser mejor, al menos para mí.

  La IA no fue precisa al representarme (era más gordito), pero yo no soy el protagonista. En cambio, fue bastante fiel con Iñaki, quien en esa época estaba bastante fornido aunque algunas veces se pasara de frenada.  Como custodio de su pasado, poseo todos sus álbumes familiares. En sus fotos de la mili en Ibiza, Iñaki destacaba entre sus compañeros, quienes, incapaces de pronunciar su nombre, lo apodaron "Yaqui".

Un suboficial de alto rango se le insinuó en muchas ocasiones hasta llegar al acoso. Inicialmente, lo quería cerca para utilizar su habilidad como "manitas" en reformas en su domicilio particular (con mano de obra gratuita del ejército). Pero al no pasar por el aro, este sujeto  se vengaba asignándole tareas ingratas. Hubo más incidentes, relacionados simplemente con el hecho de ser vasco, que prefiero reservarme por lo perturbador del relato y que nada tenían que ver con sus compañeros, con quienes conservó buenas amistades.

Durante el tiempo que conviví con él, Iñaki aún padecía pesadillas ocasionales sobre la "maldita mili". Cuando notaba que se agitaba y susurraba, lo despertaba para que recuperara la tranquilidad.


Iñaki antes de ir a la mili. La foto original estaba en blanco y negro y con rayaduras, pero la IA ha colorizado y eliminado defectos de una forma muy realista y sorprendente. Aunque no lo parezca, tuvo un buen pelazo en sus años mozos.

     Por la experiencia que estoy cogiendo en estas lides, la IA tiende a idealizar si la foto base no tiene buena resolución o es una patata (directamente se lo inventa),  no así si son de calidad normal. Pero si la IA no interpreta bien lo que quieres describir en el prompt en castellano, a veces crea monstruos. Quizás porque piensa en inglés. No obstante considero que si se la trabaja un poco, constituye un recurso muy importante para expresarse de una forma diferente, como es el caso del vídeo que he hecho y que me ha costado mucho elaborar en todos los sentidos.

      Necesitaba reconciliarme conmigo mismo. Un ejercicio de catarsis mental y, aunque suene retórico, una auténtica limpieza de karma. Esto se hizo evidente tras visitar la tumba de Iñaki el Día de Todos los Santos, una recaída emocional que creía superada. Está claro que no puedo ir solo, a pesar de ser consciente de que él no está allí, ni quizás en ningún otro sitio. Somos polvo de estrellas. Aún hoy, siento esa necesidad imperiosa de desahogarme y recrearme en su memoria. Es algo que no puedo remediar.

   Estoy convencido de que esto no interesa a nadie más que a mí, pero siento la necesidad de compartir mis sentimientos, de expulsar este lastre aunque sea en el ciberespacio.

   Iñaki y yo hicimos el amor incontables veces por cualquier monte, bosque o playa entre acantilados que se pusiera por delante, tal como se menciona en el vídeo. Entre nuestros lugares preferidos destacan dos: el valle de Galdames y la zona de Urkiola, siempre rodeados de un paisaje fantástico y a salvo de miradas. En cuanto a los rincones costeros, su ubicación queda en secreto, pero fueron absolutamente fascinantes. Sin olvidarme de los bellos atardeceres o las bravuconadas del mar en el rompeolas de Punta Lucero, cerca de la Playa de La Arena (Zierbena). No me avergüenza en absoluto contarlo o admitirlo.
 
 Los primeros años de conocerle fueron de una auténtica pasión. Entre semana era simplemente escuchar su voz por teléfono y ponerme más salido que el pico una plancha. Estaba trabajando y tenía que hacer esfuerzos inmensos para no pensar en las veces que hicimos el amor el fin de semana pasado. Tuve momentos muy incómodos en la oficina para disimular mi calentura.  Llegué a preocuparme porque estaba "empalmado casi todo el día". Creí que tenía priapismo porque ni si quiera "aliviándome" lo conseguía, pero en realidad lo que tenía era "Iñakismo" puro y duro,  y no es ironía. 

Hoy me siento muy mayor, pido muy poco a la vida y estoy muy satisfecho con mi situación actual. Ya no pienso en el mañana; los años pasan factura y cada vez discurren más rápido. Revivir con las nuevas tecnologías de IA a la persona que amé y que ya no está entre nosotros dejó de torturarme.

Ahora Iñaki solo existe en mis recuerdos positivos. Me quedo con los primeros años tras conocerle. Los últimos, en Briviesca, fueron terribles para él, después de la detección, muy tardía, de "una de esas enfermedades silenciosas", cuando a punto estuvo de que le amputaran una pierna. Fue como una bomba de racimo a cámara super lenta que comenzó a dañar sus órganos vitales. Esta última época es a la que quiero poner un muro mental e intentar olvidarla. Fue horrible para él y también para mí, lo que nos generó multitud de problemas de todo tipo, pero jamás tiramos la toalla hasta el final. Un fatídico 18 de mayo de 2018 su maltrecho corazón dejó de latir en aquella última noche mientras yo dormía... Fue el peor, el más trágico y traumático día de mi vida.

No sé si lo conseguiré, pero los recuerdos van y vienen o se cuelan en algún sueño recurrente. Afortunadamente ninguno de los sueños llega al rango de pesadilla sino todo lo contrario.

Me siento muy bien con Pedro, mi actual pareja desde que le conocí, y soy feliz. Él ha sido una luz de esperanza en mi vida y me ayudó muchísimo a soportar la mochila cargada de escombros durante nuestro primer año juntos. A pesar de esto, el nombre de Iñaki aún sale a relucir demasiadas veces de forma inconsciente. No lo puedo evitar; formó parte de mí durante muchos años, aun cuando ya han transcurrido siete años y medio desde que se marchó.

Nadie se acordará de la mayoría de los mortales cuando pasen unas tres o cuatro generaciones (eso dicen), y tratándose de personas como nosotros, aún menos. No pretendo herir sensibilidades. Si es así o te da asco, ya te prevengo: no lo veas. Hay mucha gente que siente de forma muy diferente. No me gusta fiscalizar la vida privada de los demás, y eso mismo pido a cambio: vive y deja vivir. Ama y haz lo que quieras. Verás que todo va a ir mucho mejor; así otro gallo nos cantaría.

Procede de un fotograma de un vídeo que saqué en una exhibición de deporte rural en Atxuri que tuve que mejorar porque el vídeo tenía muy mala calidad.

En la foto original no tenía bañador y Grok me censuraba. Algo que entiendo muy bien, así que tuve que apañarme para buscar una IA de imágenes que me permitiera "ponerle un bañador". Cosas curiosas. Una vez conseguido, Grok  ya me dejó generar alguna secuencia de vídeo. Se trataba de una de las varias fotos que se publicaron en su día en una revista local de "osos" de Barcelona donde no había "restricciones". Creo haber contado esta historia alguna vez.

Otra más.

Una de las fotos más antiguas al poco de conocer a Iñaki,  de cuando estrené el Citroën ZX Mónaco. Fue nuestra "primera excursión" a la ibérica riojana: Valvanera, S. Millán de la Cogolla... Había una caja de pastas, creo que de Santo Domingo de la Calzada, a las que dimos buena cuenta entre "otras cosas".

El amigo durangués que intentó convencer a Iñaki para que practicara el levantamiento de piedra y no prosperó. Evidentemente la imagen está muy mejorada e idealizada a propósito, puesto que me gusta mantener la privacidad de las personas. Han pasado casi 30 años.

Iñaki en uno de nuestros rincones "secretos" de la costa vasca. Había que controlar muy bien las mareas, el estado de la mar y del tiempo para no correr riesgos y quedarnos atrapados. Nunca pasó. Si la mar tuviese ojos lo que podría contar...

Recién inaugurado el Museo Guggenheim de Bilbao. Una de mis fotos preferidas. Cómo pasan los años.

En una de las fuentes del Arenal, al fondo la iglesia de S. Nicolás. A alguien se le ocurrió poner una botella en los niños sonrientes de la fuente.
Iñaki en nuestra época fredense. Imagen original que utilicé como base para "restaurar" digitalmente la torre del homenaje como se puede comprobar.

Iñaki en valle de Lunada. El paisaje está mejorado porque procede de un fotograma de un vídeo de poca resolución. Pero refleja muy bien la realidad de aquel entonces.

Urkiola.

En Briviesca.

En Briviesca.



En un principio pensé en no recargar el vídeo y prescindir de las siguientes fotos a las que "dar vida" y que he titulado "primeras veces que...", pero al final también las he incluido casi todas.

Cuando Iñaki contempló por primera vez Briviesca desde el mirador del Monte de los Pinos.

La primera vez que me llevó por una senda descendente hasta un rincón "secreto" de la costa vasca que era una maravilla. Acantilado, arena y mar.

Le inculqué que era bueno abrazar un árbol, que te conectaba con la naturaleza y transmitía energía positiva que fluía por su tronco, y que era bueno para el cuerpo y  la mente.  Fue su primer abrazo a un hermoso roble aunque al principio se sentía ridículo. En mis tiempos "antiguos" lo de abrazar árboles lo hacíamos cuatro gatos o tal vez menos,  por simple instinto natural,  cuando resulta que eso es más viejo que la tos.  Actualmente se ha convertido en  una costumbre bastante extendida. Se han promocionado hasta en terapias venidas del Japón y pareciera que han inventado el elixir de la eterna juventud.  Tristemente  ya no existe ni Iñaki ni el árbol. Pero yo, por instinto, lo seguiré haciendo mientras pueda.

Para mí es el banco con las mejores vistas ("desde atrás"). Fue la primera vez que visité San Juan de Gaztelugatxe,  cuando el turismo no estaba tan masificado. Me encantó.  Se podía aparcar sin problemas, bajando por una estrecha carretera que terminaba justo en el puente.  Hoy tengo entendido que hay que coger "cita previa", sobre todo en verano, en puentes, findes, festivos... Pero tengo muchas ganas de volver, no por subir los escalones y  tocar la campana para que se cumpla un deseo. Con nosotros no se cumplió.

La primera vez que estrenamos una barca neumática a remos para dos personas. El problema es que  inflarla nos llevaba bastante rato, porque lo hacíamos con un fuelle de pie. Lo cierto es que la usamos con bastante frecuencia. Y no podía faltar su típica pose de fotos con los brazos cruzados y, por supuesto, su eterna sonrisa. Había que andarse con ojo durante los primeros años de conocerle,  cuando me abrazaba, porque podía acabar asfixiado 😁.


En cierta ocasión de mucho calor pillé durmiendo a Iñaki desnudo abrazado a la almohada y le saqué unas fotos. Le gustó tanto como a mí y a través de una página de "Osos" de Barcelona, la compartió. Les gustó tanto que hicieron este montaje ("sin IA") y la publicaron de portada en una modesta revista en Barcelona junto con otras más "subiditas" que prefiero no publicar, todo previo consentimiento. A los dos nos encantó porque Iñaki amaba el mar... Lo de "Krispu" era por su alias o seudónimo tal como se acostumbraba en aquellos tiempos. 


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     Disculpad por ser tan excesivo y la chapa que os he metido hasta llegar aquí:
    VÍDEOCLIP de unos seis minutos y 20 segundos, donde he puesto toda la carne en el asador. Tal vez sea en el que más horas he invertido de todos los que he hecho.  Un ejercicio de catarsis que para mí ha sido brutal, pero necesitaba reconciliarme conmigo mismo y en cierto modo ha sido como una liberación no solo por mí, sino por mi actual pareja, a la que he pedido perdón y le he dado mil gracias por lo comprensivo que ha sido y lo que ha tenido que aguantar.  Barkatu Kepa. Mila esker hemen egoteagatik. Maite zaitut. Te amo.
   

 NUEVA VERSIÓN ACTUALIZADA EN VIMEO con posibilidad de ver en resolución 2K.

   Había recuerdos en fotos que no localizaba pero por fin lo conseguí. Son tantas las imágenes en una relación de casi 23 años que, de nuevo,  he tenido que hacer una preselección porque me parecían esenciales:

Haciendo el amor al aire libre. En la playa, en el monte, en un búnker...

     Memoria de un despertar: De la búsqueda al encuentro A finales de los años 90 y los albores del nuevo milenio, viví la época más intens...